martes, 9 de junio de 2026

¡FOZI LADY!: La Novela Política de Trilce

 


El protocolo de Pedro Granados ejecuta un sabotaje de amplio espectro contra la domesticación biográfica de César Vallejo. Frente al “héroe sin fisuras” —didáctico, galante y parlamentario— que fabrican las novelas comerciales y los manuales coloniales anglosajones, se restituye aquí al Vallejo inmanente: el ser doliente, el bicho erótico y el fermento de sol que militó políticamente desde el síncope y el estruendo de Trilce. Todo arranca con el bisturí afilado de Juvenal Agüero desnudando la palabra-fetiche de los burócratas del intelecto: cuando alguien te hable de cultura, cuida bien tus bolsillos. La cultura oficial es el robo, la máscara, la aduana que pasteuriza al animal. La verdadera madre no es esa entelequia ilustrada, sino la Poesía: la que te hincha las pelotas, la que te regala lágrimas y te hace comprender la radical orfandad de estar viviendo por las puras huevas. Y el remate es quirúrgico, pues cuando te hablen de poesía de vitrina, también debes cuidar tus bolsillos. El término molar de tu colega Adolfo nos deja sin muelas, pero nos deja los caninos para hablar desde la inmanencia de la carne.

Es que la literatura de Juvenal Agüero es de una densidad somática arrolladora. Desvestir a la muchacha de dieciocho años en Foz do Iguaçu —con el olor de sus axilas, sus pies manchados de tierra y el yuyo de su entrepierna— o poseer a Cardonia en las Antillas —con sus muslos de tunas recién liberadas de la concha y su aroma a peñas batidas— no es mero erotismo burgués; es multinaturalismo puro. Es la misma urgencia manual que se intuye en Vallejo en la Clínica Arago: un cuerpo que se niega a ser un palimpsesto pulcro y que encuentra en el desparpajo del desamor y el sexo la única vía de salvación contra el congelamiento institucional. César Vallejo ha hecho ascender el alma a los genitales y, viceversa, descender los genitales al alma. Por eso, este desmontaje crítico opera un deslinde fundamental ante Monsieur Pain de Bolaño y Vallejo en los infiernos de González Viaña. Ambas novelas son persuasivas, pero cometen el mismo pecado de la Ciudad Letrada: evitan o rodean Trilce. Construyen un héroe plano, unitario y didáctico, ya sea el perseguido político de París o el mártir del Grupo Norte. Frente a este diseño, se postula la novela política de Trilce: un libro que no está hecho para descifrarle “sentidos” abstractos a las palabras, sino para entrar en performance, para meterle el cuerpo, los de afuera y el ritmo de la danza, incorporando la marinera limeña, el callejón y el performance popular afroperuano. Trilce no es individualista ni edípico; es un poemario absolutamente social, político y utópico porque se asocia al fango de la jarana para revertir las postergaciones seculares de los cholos, negros y zambos.

El desmontaje de la recepción vallejiana se corona al revelar cómo tanto la viuda Georgette como el profesor Stephen Hart leyeron al poeta desde el prejuicio cultural y la taxonomía académica. Georgette lo encerró en la clave de un marxismo ortodoxo y póstumo, siendo incapaz de escuchar el eco insondable de 1922. Hart, por su parte, reduce la andadura andina a una degradación picaresca y calla calvinistamente cuando toca hablar del sexo. La tesis doctoral de Boston University (2003), publicada por la PUCP en 2004, se levanta aquí como el farallón definitivo: “Parado en una piedra” en los poemas de París no es un simple “paro” político de museo; es una cópula virtual con la piedra, con la materia misma de lo incaico. Trilce es la versión escrita, sintética y sincrética del Mito de Inkarrí. Lo político en Vallejo jamás se contrapuso a lo mítico ni a lo somático; su experiencia de lo sagrado era comunitaria y, por ende, requería el pudor, el fermento de sol y la levadura de sombra. El problema es que Vallejo no hablaba nunca de esto con nadie; su experiencia de lo sagrado se tocaba con su radical experiencia de la poesía y para él, tal como en aquellos versos finales de “Huaco” donde se define como un fermento de sol, levadura de sombra y corazón, le eran inherentes el pudor o el secreto. La máquina está artillada a punta de ritmo, y la cabeza de Vallejo son dos: la Sudamérica de la sien izquierda y el África blanco-oscura de la otra sien, habitando con precisión milimétrica aquella línea mortal del equilibrio.

Ignacia Augusta, 2026

ENLACE A LA NOVELA:

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